Bernardo Javier es encargado, no titular
Remache del
cambio
Por: Enrique Zúñiga Castillo
Bernardo Javier es encargado, no titular
Bernardo Javier Hernández de la Torre, tuvo la amabilidad de visitarme
en la redacción de esta columna para hablar sobre uno de mis textos publicados
en esta semana. Su interés fue el de exponerme personalmente, a manera de
réplica, algunos puntos de vista sobre su trabajo actual y su historia de vida.
Quedó de enviarme una foto o imagen de su nombramiento pero hasta el momento no
lo he recibido. Hoy funge –dice- como encargado de la Delegación de la Zona Sur
en Altamira.
Me afirmó que su trayectoria siempre ha sido propia, independiente de la
que tiene Ángela Vega Herrera, regidora de la administración actual en
Altamira, con quien lo une un lazo
sentimental, pero cada uno de los dos cuenta con un currículum separado.
Refirió que en mayo de 2016 fue apartado del programa estatal de becas
en Altamira, precisamente porque la élite priista en la entidad supuso erróneamente
que, como Vega Herrera, se había sumado al equipo de Ama Laura Amparán, entonces
candidata del PAN a la alcaldía. Creyeron que él también simpatizaba con la
causa azul.
Uno de quienes hablaron con él, cuenta, fue Miguel de la Rosa Medrano.
Hernández de la Torre es un trabajador de base de la Secretaría de
Educación con más de 30 años de servicio. No pudieron despedirlo, pero sí lo
quitaron del manejo de las becas estatales y, por ende, del contacto con un
segmento poblacional que comprende en Altamira, la cercanía con más de 10 mil
familias mediante el programa público.
Sin embargo, el gobierno de Egidio Torre Cantú se atrevió a rasurar el programa
becario. De tal manera que en meses pasados, muchos alumnos fueron borrados de
las listas. El alcance de esa decisión motivó que hoy, muchos padres de familia
culpan al actual gobierno cabecista de haber sido dados de baja, según el decir
de Hernández de la Torre.
En el caso de Nicandro Fraustro, el anterior titular de la Delegación de
la Zona Sur, menciona Bernardo, que fue
grabado mientras insultaba a unas señoras.
En tanto que el empleado despedido refiere que éste sin ninguna
autorización llevó a trabajar en obras y servicios públicos a unas personas.
Tal vez no pasaba de la decena. Cuando esas personas se dieron cuenta que no podían
cobrar su salario, protestaron en contra de quien, supuestamente, las había
engañado. Esa es una de las razones por las que se le despidió.
Hernández de la Torre señala que hoy cuenta con una cuadrilla de unos
albañiles dedicados a otorgar mano de obra a las escuelas de la demarcación. En
varios casos, las escuelas tienen los materiales, para desarrollar y resolver algunas necesidades.
La Delegación les respalda con la mano de obra. Un proyecto pendiente es el de
capacitar a los habitantes en oficios como los de carpintería, electricidad, soldadura,
entre otros, para alcanzar que la
población se autoempleé.
Al margen de lo afirmado por Hernández de la Torre, queda el
señalamiento de porqué la alcaldesa no pone en conocimiento oficial de la
situación al cabildo. Encargado o titular sigue siendo un funcionario público.
¿Pues de dónde le viene el pago puntual quincena tras quincena sino es del
erario?
¡Qué suene la banda, Alma!
La insensibilidad y la ignorancia han prevalecido en la
decisión de desparecer la Banda Municipal de Altamira Tamaulipas. En contraste,
síndicos y regidores han insertado en las listas salariales a hijos, ahijados,
sobrinos, cuñados, parejas, guachomas,
etcétera. Esta política forma la suave brisa
del cambio encabezada por Alma Laura Amparán, la presidenta municipal. ¿Pensar
en reelección?
contrarraya@gmail.com
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