Desde las prisiones
Desde las
prisiones
Por:
Enrique Zúñiga Castillo
27 de octubre de 2016.
Los
reos de la Penitenciaría de Ciudad Victoria Francisco El Chicago Hernández Rivera y José El Tajua Reyes Garza lograron engañar a unas 200 personas residentes
de Guadalajara, Jalisco. Hernández y Reyes se hallaban presos por diversos
delitos. ¿Cuándo y cómo cometieron el fraude? Sucedió en mayo de 1975. Enviaron
cartas a vecinos de la Perla Tapatía pidiéndoles dinero para atenderse de una
supuesta enfermedad contagiosa contraída dentro de las paredes de la cárcel. A
los destinatarios les dibujaron un escenario catastrófico y les hicieron creer que
más de la mitad de la población penitenciaria se hallaba con un pie al borde de
la tumba. En los escritos, los bribones expresaron que el gobierno tamaulipeco
carecía de dinero para aliviarlos, por eso precisaban de la ayuda externa y
humanitaria de los jaliscienses.
Las
exposiciones falsas conmovieron el piadoso corazón de los receptores. En una
muestra de solidaridad y compasión abrieron sus bolsillos para enviar decenas
de giros telegráficos a los enfermitos.
Éstos llevaban dos meses -cuando fueron descubiertos- de enviar las misivas
mediante el apoyo de familiares libres y copiando los destinos de un directorio
telefónico de Guadalajara que tenían en su poder.
De
acuerdo con la nota del periódico El
Mundo, (Archivo Histórico de Tampico Carlos
González Salas) Manuel Robles, el director de la cárcel, comenzó a
sospechar cuando notó la enorme cantidad de giros recibidos por El Chicago
y El Tajua.
De
seguro, este hecho relatado arriba te recuerda la actualidad, querido lector.
Sólo han cambiado los nombres de los pillos. También es distinto el medio de
comunicación utilizado en el delito. Hoy usan los celulares en lugar de las
antiquísimas cartas. Ya no es una
enfermedad el factor antepuesto para convencer a las víctimas sino la amenaza
abierta. Hoy, los malosos identifican
a posibles víctimas a través de las redes sociales de Facebook, Twitter o Instagram.
Los
celulares y computadoras portátiles dentro de las cárceles permiten a los
presos organizar crímenes desde sus centros de reclusión, sin estar en las
calles. Secuestros y extorsiones constituyen la agenda delictiva de los
internos, que actúan con total impunidad escudados en su condición de prisioneros.
Un alto porcentaje de las extorsiones cometidas se originan con la utilización
de teléfonos ubicados en las prisiones.
La instalación de bloqueadores de
llamadas en los penales, cuando la ha habido, de poco sirve para inhibir la
conductas delictivas de este tipo. Han dado escasos resultados, comparable con
las cámaras de seguridad en las calles, y al Estado le ha faltado voluntad para
frenar el ingreso ilegal de celulares.
contrarraya@gmail.com
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