Magistrados sin probidad
Remache
del cambio
Magistrados sin probidad
10 de noviembre de 2016.
Mucha gente piensa que el sistema electoral
estadounidense es de los más avanzados del orbe, lo idealizan, lo sacralizan,
sin embargo, ignoran de él varios aspectos cuestionables por sí mismos. Veamos
varios de ellos:
Los Estados Unidos son el único país del
mundo donde el financiamiento de las campañas tiene su origen en los grupos
económicos financieros y empresariales que patrocinan las candidaturas y con
ello condicionan el actuar de los funcionarios electos para influir en las
políticas públicas. Mano generosa es mano poderosa. Cada candidato puede gastar
en publicidad tanto como pueda y tenga; la ley no establece topes.
El dinero es utilizado predominantemente para
el pago en los medios de comunicación, sin ningún control ni nada que los regule. Al Congreso acceden, en más del 90 por
ciento de los casos, quienes han hecho más erogaciones monetarias, quienes han
abierto los costales del dinero y han pagado la propaganda a los medios masivos
de comunicación.
Un 80 por ciento de los electores desconoce
cómo funciona el intrincado mecanismo de elección de los presidentes de ese
país.
Y a propósito ¿Por qué solo existe dos
opciones para los votantes? el Partido Demócrata o el Republicano. De ahí en
fuera, queda excluida alguna tercera posibilidad porque priva el esquema del todo o nada. Uno de los dos partidos
debe conseguir el 50 por ciento de los votos para ganar todos los delegados
de cada estado. Lo anterior impide que
haya representantes de un tercer partido. En caso de existir, los candidatos de
un tercer partido perjudican a los del partido más cercano o afín
ideológicamente. Se dividen entre los mismos y gana el partido con el que
tienen más desacuerdos. Algo parecido sucede con la izquierda mexicana.
La mayoría de los norteamericanos no se
siente representada en el Congreso. Esa percepción, desalienta en la ciudadanía
cualquier interés de acudir a las urnas, por eso se observa tan alto índice de
abstencionismo. Poco más de la mitad de las personas con capacidad de voto, son
quienes asisten a las urnas, mientras en otros países desarrollados como
Bélgica, Suecia o Islandia la cantidad es mayor al 80 por ciento. Como pocos
van a sufragar, los miembros de la clase política tienen muchas posibilidades
de reelegirse. Esta circunstancia convierte a Estados Unidos en una nación con
una pobre calidad democrática. Aun así, muchos la consideran un modelo.
Militancia y probidad
Y dentro de los temas electorales, en Tamaulipas,
Marcia Laura Garza Robles, presidenta del Tribunal Electoral de Tamaulipas, declaró
que los magistrados de esa autoridad electoral jurisdiccional local no están
impedidos de manifestar abiertamente su militancia partidista. Lo que equivale
a que por un riel corre la independencia e imparcialidad en la impartición de
justicia y por otro el de las preferencias políticas de los titulares de ese
organismo.
Se debe mencionar que la Ley
General de Instituciones y Procedimientos Electorales señala, entre otros requisitos, para ser
magistrado no haber sido presidente nacional de un partido político, no haber
sido candidato partidista en un periodo de cuatro años anterior al día de su nombramiento
y no haber desempeñado un cargo partidista en los seis años inmediatos
anteriores a la designación. Nada que exprese alguna prohibición de militar en
cualquier instituto político, sin embargo, podríamos preguntarnos ¿sería ético
que un magistrado acompañe a un candidato a un acto proselitista? Es legal,
pero ¿Es éticamente correcto que emita una sugerencia, bajo el argumento de
hacerla a título personal? Imaginemos cuando le corresponda sancionar un asunto
donde se encuentre impugnado el partido de su preferencia ¿se le podría
cuestionar el principio de probidad, uno de los cuales rigen –por ley- el cumplimiento
sus funciones? La cuestión, sin duda, plantea más interrogantes, amable lector.
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