Represión y novatez en Altamira
Remache del
cambio
Por: Enrique Zúñiga Castillo
Represión y novatez en Altamira
En Altamira, Tamaulipas, dos
funcionarios han sido removidos por la alcaldesa Alma Laura Amparán Cruz en
fechas recientes. Se trata de José Nicandro Trejo Fraustro quien se desempeñó
durante los dos primeros meses de la administración como delegado de la zona
sur del municipio. Todavía hoy 29 de enero, en la página de internet del
gobierno aparece su nombre como titular de esa dependencia. Se fue sin decir
adiós, como en la canción. Ese cambio ni siquiera se hizo público. Lo sordearon.
Quien ocupa ahora el lugar de Nicandro Trejo es Bernardo Javier
Hernández de la Torre, esposo de la regidora Ángela Vega Herrera, presidenta de
la Comisión de educación.
Una de las primeras acciones que Hernández de la Torre ejecutó como flamante
funcionario, fue aplicar todo su poder para lograr la salida de uno de los
empleados municipales. Un joven trabajador cuya falta fue la de no simpatizar
con su jefe.
La verdad es que muchos de los actuales servidores públicos se sienten
con muchos méritos por recorrer las calles al lado de la hoy presidenta Amparán,
sin embargo, eso no les da ninguna justificación para maltratar a sus
subordinados, ni menos el de aprovecharse de sus cargos para emprender una
persecución contra quienes no comulgan con sus modos e ideas.
Hay en las administraciones municipales integrantes del personal, muy
humildes, que en el pasado sólo acataban órdenes. Si fueron acarreados a los
mítines del partido político en el poder, sólo buscaban sobrevivir. De no
hacerlo, los daban de baja en la nómina. Muchos de ellos prefirieron anteponer
la alimentación de sus hijos a cuestionarse principios políticos. Hoy, algunos
sufren el revanchismo de los nuevos tiempos. Se ensañan con los más débiles.
Sería mejor que los gobiernos se esforzaran en castigar a quienes engrosaron
las filas de los aviadores y a quienes autorizaban esos pagos, también en
sancionar a quienes construyeron obras chafas y a quienes endeudaron a los Ayuntamientos
sin comprobar gastos.
Bueno, otro de los cambios realizados por Alma Laura Amparán fue en la
Dirección de educación y cultura. Dejó ese cargo la profesora Micaela García
Muñiz. Su lugar fue ocupado por Yazmín Abigaíl Carreón González.
La actual directora se desempeñó al inicio del gobierno panista en
Altamira como subdirectora de la misma dependencia. Es esposa de Ursus Ahumada
Morales, uno de los auxiliares de Ciro Hernández Arteaga, diputado local.
A diferencia del cambio en la Delegación Sur, el nombramiento de Yazmín
Carreón se difundió en los diversos medios de comunicación. Asombró a muchos
que alguien de la experiencia y trayectoria como la maestra Micaela García
Muñiz haya sido relevada con una profesionista
de nula experiencia en el servicio público. Ha habido personas que no
conocen a Carreón y cuando llegan ante el escritorio de ésta, creen que se
trata de la secretaria de la jefa. En fin, los resultados de la nueva
funcionaria darán o no la razón a la presidenta municipal. Tampoco en la página
oficial se ha reflejado la designación mencionada.
¡Qué suene la banda, Alma!
La insensibilidad y la ignorancia han prevalecido en la
decisión de desparecer la Banda Municipal de Altamira Tamaulipas. En contraste,
síndicos y regidores han insertado en las listas salariales a hijos, ahijados,
sobrinos, cuñados, parejas, guachomas,
etcétera. Esta política forma la suave brisa
del cambio encabezada por Alma Laura Amparán, la presidenta municipal. ¿Pensar
en reelección?
Remache de estilo para principiantes
INCREÍBLE: Podemos presenciar cómo, en distintos medios
de comunicación, los conductores, locutores, anunciantes, etcétera, abusan del
adjetivo INCREÍBLE. “Fui de paseo y me la pasé INCREÍBLE”, “Compre a este
precio INCREÍBLE”, “Fulano es un artista INCREÍBLE”. Hoy todo resulta
INCREÍBLE, como si faltaran adjetivos para designar las cualidades de los seres
o circunstancias.
contrarraya@gmail.com
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