Una cancerbera en las oficinas de Amparán
Una cancerbera en las oficinas de Amparán
Por: Enrique Zúñiga Castillo
1 de noviembre de 2016.
En tiempos del PRI, como partido hegemónico
los diputados locales desarrollaban sus sesiones en un ambiente calmoso, sin
más sobresaltos que cuando alguno de ellos emanado de la oposición hacía uso la
palabra para emitir su posicionamiento frente a algún suceso o iniciativa de
ley a discusión.
En Tamaulipas, en los años setenta, el
congreso se reunía en un salón del palacio de gobierno en el 15 y 16 Juárez, en
ciudad Victoria. Una mañana primaveral, la tranquilidad la interrumpió el
diputado parmista Enrique Rivas Ornelas; subió a la tribuna para lanzar una
serie de dardos acusatorios contra la conducta de su tocayo, el gobernador
Cárdenas González. Rivas cuestionó la actuación del gobernante en unos hechos
acaecidos en Nuevo Laredo.
Lo extraordinario del discurso del legislador
–corría 1975- no fue el mensaje contra el ejecutivo local, sino que su discurso
lo pronunció durante una junta pública y no en reunión de puertas cerradas.
Increíble, pero así señalaba el Reglamento Interno del Congreso Local. Es
decir, para hablar mal del gober en
turno había que hacerlo quedito, encerrado en cuatro paredes.
Luego de Rivas, salieron a la palestra a
defender al jefe, los salivosos diputados Abraham Hanún Rada, Ignacio de la
Llave y Alejandro Juárez Meza. Hasta el pastor
priísta, Jesús La Panocha Cervantes
Sánchez se fue en verborrea contra su colega opositor.
Cuando terminó la reunión, el maderense
Salvador Juárez García sugirió una junta privada entre los diputados priístas para
conocer las denuncias presentadas por escrito por el diputado Rivas Ornelas.
Después del cónclave lacayuno, manifestaron a los medios que “de ninguna manera
se permitiría a los legisladores mezclar al congreso en problemas personales o
en situaciones de dudoso fundamento.”
La Panocha expresó que el pleno del congreso rechazaba
las acusaciones de Rivas contra Cárdenas González, y en el clímax de la
ignominia agregó: “El gobernador está muy por encima de intrigas y situaciones
personales de gente descontenta”. Allí quedó el asunto. La aplanadora oficial anuló
la denuncia de aquel diputado parmista.
Lo anterior nos recuerda al ninguneo sufrido
por los diputados tricolores en el reparto de las presidencias de comisiones
ejecutado ahora por la máquina panista en la legislatura estatal. A la posición
sólo le dejaron parques y jardines.
Remache
Hay en las oficinas de la presidencia
municipal de Altamira, encabezada por Alma Laura Amparán Cruz, una secretaria
inquisidora. Si un ciudadano acude a su escritorio, lo desnuda a preguntas, lo
ametralla con interrogantes a su alcance con la uzzi. Y vaya que es amplio el
parque disponible a su burocrático entender. En el trato de asuntos donde se
requiere sólo turnarlos a las direcciones o áreas idóneas, el indefenso ciudadano
ha de responder donde vive, dirección, cuál es el motivo, para qué lo quiere, a qué se
dedica, de dónde viene, pertenece a alguna dependencia, etc. Tanto incisivo
cuestionamiento en un mero trámite de recibir y sellar el simple acuse de un
escrito. Por favor, que su jefe la instruya.
contrarraya@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario